A más porno, menos violaciones

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Este gráfico representa claramente cómo a medida que subía el consumo de porno pre-internet, descendía simultáneamente el ratio de agresiones sexuales (violaciones) en los USA. Aparece en un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Aggression and Violent Behavior en 2009. O sea, que justo lo contrario de lo que nos cuentan las que me quieren hundir el negocio y joderos las pajas a vosotros, mis leales hamijos. ¿Pero cómo va a ser eso así,  si el porno es tan malo y sonsaca de nuestro interior al depredador sexual, violador y comeniños que según las feministas y la tele es el hombre por naturaleza, heteropatriarcado o gracia de dios? 

Que si la pornografía es la teoría y la violación es la práctica, que hace que el sexo sea más violento y la mujer sea más sumisa y se deje denigrar… Pamplinas, eslóganes viejunos que ya hemos repasado. Sólo que ahora no sólo son ideas contra ideas, como en las guerras de las feminazis yanquis, ahora tenemos datos objetivos,  números al alcance de todos que están publicados por el buró de estadística de EEUU y que demuestran cómo la despenalización del  porno y su alcance masivo a partir del acceso a internet, coincide con una reducción bastante llamativa de la violencia sexual. SE  ESTIMA QUE EN 25 AÑOS LA REDUCCIÓN DE LA VIOLENCIA SEXUAL HA SIDO DEL 85%. Se observa el mismo fenómeno en  todos los países donde la relación entre ambas cosas se ha llevado a estudio: Dinamarca, Suecia, Alemania, República Checa, Japón, China… La evidencia es abrumadora. 

El debate sobre el porno está completamente superado, pero interesa traerlo de vuelta para crisparnos, conseguir votos y controlarnos otra vez con el viejo puritanismo represor y castrador. Me parece acojonante que se emitan largos coloquios y se publiquen pesadísimos reportajes sobre si el porno es guatemala o es guatepeor ignorando, a  sabiendas, tablas como la de arriba que hasta el más tonto entiende.  No hay mayor prueba de que todo es una manipulación de proporciones bíblicas.  

Existen estudios tochísimos donde se profundiza en variables concretas y queda demostrado que ni el porno sádico más salvaje, que por más que se empeñen es minoritario, conlleva un aumento de la criminalidad sexual, ni crea manadas, ni pollas en vinagre. Es más, la hipótesis que se maneja es que funciona como válvula de escape y reduce los actos de abuso. Hablamos de estudios de décadas de duración con muestras enormes de gente, no de cuatro trabajillos de  andar por casa encargados por el chiringuito de turno.  

Cuando escucho a alguna de las petardas hablar de los consumidores de porno como si fueran un puñado de potenciales delincuentes psicópatas no puedo dejar de alucinar con la desconexión que sufren respecto al mundo real. ¡Que aquí ve porno hasta el apuntador, señoras! ¡El apuntador, y tu marido, y tu padre, y el alcalde, y el presidente del gobierno! ¿Qué porno verán estas señoras a escondidas para escandalizarse tanto? ¿Cómo va a ser denigrante tragar leche en 2022? ¿Del porno feminista ese que no ve nadie y de las meadas femeninas no decimos nada? ¿Machacarse el clítoris con el satisfayer y los ojos cerrados tirando de memoria está  bien, lo permite el dogma? No sé si reír o llorar. Es un decir, la verdad es que me río mientras grabo bukkakes con alegres señoritas que hacen lo que les da la puta gana, muy a pesar de la policía morada de la moral… pero el fondo del asunto es triste. El porno no es más que la representación de las prácticas y fantasías sexuales, sólo si consideramos malas esas prácticas y fantasías podemos decir que el porno es malo.  

Todo esto me recuerda a cuando los juegos de rol y más tarde los vi deojuegos eran culpables de que algún perturbado la liara parda con  una katana, y nos bombardeaban con reportajes sobre japoneses de  quince años echados a perder, encerrados en su habitación medio locos fundiéndose los pulgares con los mandos. Pero es que estas  han accedido a la política, y hay más aficionados al sexo que a los vi deojuegos, así que se nos va el tema de las manos y hay que tener  claros los datos para mantener la calma y defender la legitimidad  de esta sanísima costumbre nuestra.  

A la vez que se ignoran los estudios contundentes, se da bola a otros donde presos condenados por violación reconocen ser consumidores de porno. Otro golpe de efecto. Obviamente, los violadores ven porno como los demás lo vemos. Es como decir que los violadores tienen polla y que las pollas causan violaciones así que quien tenga polla  mejor que se la corte. Es una pesadilla, un delirio psicótico. De pronto, te puedes encontrar a famosillas abolicionistas haciendo referencia al violador y asesino de mujeres en serie Ted Bundy, que el último día antes de su ejecución declaró en una entrevista que el porno le había convertido en el monstruo que era. No importa que cuando Bundy  empezó a cometer crímenes no existiera ni el VHS y probablemente su consumo consistiera en compartir revistas setenteras con el papel acartonado de pasar por las pajas de toda su cuadrilla. Ellas te dirán que fíjate Ted Bundy lo que confesó, pese a que todos los criminólogos del mundo coinciden en que esas declaraciones no fueron más que el ejercicio último de egolatría de un psicópata cerrando su leyenda, un manipulador hasta el final, intentando justificarse y salvarse de su cercana ejecución, metiendo en el ajo a los moralistas cristianos a ver si podían hacer algo para que no se ejecutara su sentencia a muerte. Se necesitaban mutuamente. De hecho, detrás de esa entrevista estaba el lobby católico con su psicólogo de confianza a la cabeza, y no es casualidad que las revistas católicas sean las únicas que le sigan dando bombo a semejante idiotez. ¿Estoy diciendo que las neomonjitas españolas de hoy comparten fuentes y objetivos con el lobby católico, tal como lo hacían las gringas WAP, aunque vayan de progres? Por supuesto, y lo afirmo por cosas como ésta fácilmente comprobables y otras como respaldar públicamente la campaña antiporno que logró que Pornhub borrara más de 10 millones de vídeos de contenido “dudoso” (no verificado por todas las personas que aparecen, simulaciones de abusos, etc.) haciendo creer a la opinión pública que las plataformas porno sostienen la delincuencia sexual. Esa campaña fue ideada por la organización cristiana Exodus Cry que, además de su cruzada antiporno y antipaja, se dedica a reclamar chorradas como que las escuelas puedan elegir si enseñan la evolución de la especie según Darwin o según Adán y Eva.  

Pues nada, ellas haciendo fuerza con los de las sotanas a pesar de que la Internet Watch Foundation analizó 118 informes de pedofilia en Pornhub en 3 años mientras que Facebook ha llegado a eliminar 12,4 millones de imágenes de sexo infantil en solo 3 meses. ¿Canta un poquillo, no? Con todo este panorama pasa lo que pasa siempre. Que entre las dos posiciones más extremas de un debate campa una amplia mayoría silenciosa, especialmente cuando la naturaleza se impone y la cabra tira al monte. Ahí es cuando la gente empieza a desbarrar con teorías como que el porno tiene que educar, o que el porno tiene que ser ético y demás clavos ardiendo a los que sujetarse para no sentirse una puta mierda.

Desde ese mismo momento, lo siento, pero las neomonjas ya os han ganado la partida, ya han introducido la semillita moralista que os hará sentir una mierda en la mayoría de los casos. Y en los peores casos, podréis correr grave riesgo judicial, como consecuencia de la legislación misándrica que han conseguido imponer, gracias a ir obteniendo concesiones progresivas en sus teorías delirantes. Si crees que tú no puedes tener ese tipo de problemas… siento decirte que estás muy equivocado. Todos somos carne de cañón y torres más altas han caído. 

En la defensa de la libertad sexual hay que ser más radicales que  ellas o estamos jodidos. Que no os hagan el lío.