Perdóneme Padre porque he pecado… Así comienza esta maravillosa historia. Ojo a Darina, que potencia sexual, y que dos mamellas de esas que te sacan los ojos de las órbitas ¿cómo iba el pobre Padre Damián a resistirse? ¡Es que se las ponen en la cara! ¡Polvazo y risas, no se puede pedir más!