A veces uno tiene suerte, sin duda. Pillo a esta morenda de veintitantos por la calle, parece que entra al juego, pero la veo un poco parada, pero cuando ya estamos en la oficina, y la tengo en pelotas, se enciende su fuego interior y resulta que es una folladora increíble, me pega un polvazo de cojones y resulta que es una fiera en la cama. Desde luego, a veces las apariencias engañan vaya ¡si hasta me la chupa en la calle!