De putas por Canadá

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Esta es mi experiencia de cuando me fui de putas en Vancouver, Canadá. Me tocó con una hipocondriaca que me jodió el polvo y visité un centro de Cienciología.

Está demostrado que cuanto más avanzado y rico es un país, peor tienen lo de las putas. Todo lo que es Estados Unidos y Canada, el puterío es carísimo y una mierda pinchada en un palo. Como en España o Hispanoamérica no hay nada, y es que no sabemos lo que tenemos hasta que vamos fuera y vemos la caspa que hay.

El viaje Madrid – Vancouver, con escala en Frankfurt, duró unas 12 horas, más las 4 horas que me tuve que comer esperando en Alemania para el intercambio de avión.

En el viaje se me sentó al lado un indio de la India que vivía en Londres que me contó su vida en fascículos coleccionables, estuvimos hablando de todo, a veces se hacia ameno pero otras veces es que me dormía. La banda sonora del viaje lo pusieron dos niños que no paraban de llorar, cuando uno se callaba, el otro continuaba su concierto de llanto. Era matemático. Así 10 horas.

Al llegar al aeropuerto de Vancouver me esperaba una sorpresa bastante desagradable, una cola de unas 500 personas para pasar el control del pasaportes, hora y media haciendo cola, colega!!

Después de ese suplicio, por fin me toca:

– a donde se va a alojar usted en Vancouver?

– en la casa de mi amigo

– qué dirección?

– pues no se, me está esperando en la salida del aeropuerto, la verdad es que no le he preguntado por la dirección de su casa.

– pase por aquí

Me pasa a un sitio aparte, donde hay una cola de unas 200 personas esperando para hablar con otro tío que te mira los pasaportes. Lo peor es que esa cola no se movía, iba lentísima, tanto, que me paso allí 4 horas. Y ¿sabéis cuando la cola se empieza a mover y me dejan pasar? Cuando me pongo a dar gritos y a decir que no quiero volver más a este país, que esto es una vergüenza, y que estoy harto de esperar. Inmediatamente, todos los puestos que estaban vacíos, se empiezan a llenar de gente que nos atiende. Os podéis imaginar la reacción de todos los que estábamos allí esperando, fui el salvador, y creo que si no llego a montar ese poyo, hubiéramos estado más tiempo.

En mi entrevista con el de las aduanas, me dice que quién es mi amigo y que dirección tiene, y el teléfono. Y claro, yo tenía su dirección en mi correo electrónico, y no tenía internet. Se me ocurre sacar el portátil e intentar conectarme a internet para poder acceder a mi correo. Nada, no había wifi por ningún lado, sigo intentándolo y de puta suerte me conecto a un wifi un minuto, el tiempo justo para sacar la dirección y el teléfono de mi amigo y poder dársela al aduanero. Instantes después ese wifi desapareció para siempre. Como tocado por la varita mágica.

El propio policía llamó por teléfono a mi amigo personalmente y le preguntó si yo iba a alojarme en su casa, que qué iba a Canadá a hacer… vamos, un interrogatorio policial en toda regla. Tras casi 5 horas de espera y gestiones varias, por fin pude salir del puto aeropuerto, cagándome en la puta policía montada del Canadá. Qué chifladura, todo por no saber la dirección a donde iba a quedarme. A partir de entonces, siempre me invento hoteles y les digo que me voy a hospedar allí. Nunca cotejan si tienes la reserva. Pero nunca más digo que me quedo en casa de un amigo. Joder!.

Había salido de Madrid hacía 24 horas y por fin había llegado a la puta Canadá. Y llovía, y no paraba de llover y llover. La entrada a Canadá era un puto poema, preludio de lo que me iba a pasar allí con el tema putes.

Como ya sabéis, en mis viajes hay un par de “obligaciones” siempre por hacer: la buena cocina y las putas. Ya he catado la comida canadiense, toda muy parecida a la yanki, con cosas que engordan y en cantidades grandes. Me he hinchado a helados y a hamburguesas. Ahora toca catar carne de hembra canadiense.

Hay un periódico aquí gratuito donde se anuncian una cantidad ingente de putas de todos los colores. De ahí averigué un lugar llamado “Madame Cleo”, una especie de Sala de Masajes que en realidad esconde un metesaca clásico de toda la vida, y donde según mi amigo que vivía allí, había buenas chavalas.

Les llamamos y les preguntamos por los precios, pero cuando preguntamos cuánto cuesta el polvo, la tía se enfada y nos cuelga diciendo ofendida que eso no es lo que creen que es. Jaja qué cojones!. Nos habremos equivocado? No, mi amigo me dice que tiene amigos que han follado allí. Ah, la doble moral norteamericana! Ah, el no dejar pruebas por teléfono.

Hacia allí salí disparado, al puticlub ese, en pleno Downtown de Vancouver, a ver qué coño era eso, si se follaba o qué.

El lugar era muy elegante, con moqueta, muebles clásicos y un amplio recibidor, todo muy bien puesto al gusto tradicional. Me atiende una señora de una cierta edad, con tanto botox en la cara que es como si tuviera una careta de goma. Habla bastante rápido, y acierto a entender que el masaje cuesta 60 dólares canadienses. (unos 55 euros). Me da a elegir a una de las cuatro chicas que están sentadas en un sofá. Y vualá, allí están, esperando ser seleccionadas:

-la latina con grandes curvas, pero nada de otro mundo.

-la morenaza modelo, (suele ser siempre la que sobresale de las demás y la que se lleva siempre todo el trabajo)

-la rubia con tetas operadas

– y la gorda. (Siempre, en todos los putis está la gorda, no falla)

En una décima de segundo, hago un scanner de lo que tengo ante mi, y me decido por la morena. Descarto la rubia porque seguramente será la mas elegida y en la cama será una tía caprichosa y con prisas. La latina con curvas paso, hay miles como ella en Madrid, así como gordas. Me inclino por la morena por lo mona que es y el tipito que tiene.

Me lleva al piso de arriba, tras pasar por varios pasillos, y me enseña una habitación amplia y elegante, con una gran cama, y me dice que si quiero ir allí que hay que apoquinar 30 dólares mas. Que sino a la otra. ¿Cómo será la otra habitación?.

¿Pa qué pagar más? Vamos a la que es gratis.

Llegamos y es una habitación zulo de 2×3 metros, una cosa ínfima. El colchón en el suelo, cutre, todo muy cutre. Joder, como se pasan. O pagas más por algo digno, o follas casi en el suelo. Menudas estratagemas que tienen aquí en Canadá para que sueltes billetes.

Me tumbo, me da una bata que enseguida tengo que quitármela para el masaje. No me dura ni 3 minutos puesta, oiga. Algo muy absurdo como lo es todo en el mundo puteril.

La tía no se quita la ropa, está en lencería todo el rato. Se pone detrás de mi mientras permanezco tumbado, me masajea de puta pena. Y al cabo de 5 minutos me dice que si estoy interesado en el “Extra Service”. ¿Qué puede ser eso? Mmh, déjame pensar… jaja. ¿En qué consiste?:

Una mamada 100 dólares

Un Polvo 250 dólares

Cada media hora más, 30 dólares extra.

Coño, 200 leuros por un polvo? Un poco caro para mi economía de putes.

Me lo pienso rápidamente y digo, bueno, ya que estamos aquí en la otra punta del mundo, y no conozco demasiados sitios para follar en esta ciudad, vamos a aceptar, así tengo algo que contar a mis nietos, aunque el precio sea excesivamente caro. En ese momento me viene la estúpida idea de que más caro es mejor, cuando muchas veces en esto de las putas no es así para nada.

Dicho y hecho, llego a un acuerdo con ella de follar, y la tía se despelota y por fin puedo ver lo que la verdad esconde. Se me pone a un lado y antes de hacer nada me dice:

-Lávate las manos un poco, toma.

Me echara jabón digo yo, pues no, va la tía y me echa alcohol puro de una botella a mis manos!!! Doy un respingo y alucino en colores. ¿Alcohol puro para limpiarme las manos? ¿ésta qué se cree? ¿que vengo de hurgar en las basuras?

La peste a alcohol inunda el habitáculo, eso se había convertido en una consulta médica! me deja las manos super secas y empieza el show, ella en un lado, me toca levemente la polla con la punta de los dedos, y sin esperar a que ésta se ponga dura, ya me está poniendo el condón. Le intento meter mano un poquito por abajo a ver qué me encuentro, y no me deja que le toque el chocho!, tampoco deja que la bese!, vamos, una puta mierda. ¿Qué clase de sexo es este?. Pero lo mas freak es cuando estamos follando, que no se le ocurre otra cosa que ponerme una toalla pequeña tapándome los huevos, a modo de pañal. Jaja que coño!?, ¿será para no manchar la cama?

Se mueve la toallita debido a mis sacudidas, y ella para el polvo, y la vuelve a colocar. Así unas 5 veces o más, consiguiendo que el polvo sea una puta pesadilla. Mira que he estado con tías raras y bastante paranoicas, como una puta una vez que me obligó a ponerme 3 condones porque decía que la tenía muy dura y creía que iba a romper el condón, pero esto… de verdad…

Le digo, venga, ponte a cuatro patas, a ver si me corro ya, y acabamos con esta puta mierda, y va la tía y me suelta que esa postura no la hace nunca. Pero ¿esto que es? ¿Que nunca nadie te ha follado a cuatro? Jaja me está tomando el pelo!. Menuda full de Estambul, perdón, de Vancouver.

Ahí me teníais, intentando concentrarme para terminar el tortuoso polvo, ella encima o yo encima, intentando acabar ya esa historia del terror. Y había pagado 200 leuros por semejante basura…  y era una hora! cada vez que me acordaba me ponía más de mala ostia. Y claro, así imposible disfrutar ni correrse porque estás con la cabecita en otro sitio.

Aún así terminé en 20 minutos porque eso me parecía una puta estafa y quería irme de allí. Me derramé y poco me faltó para ponerme de pie y largarme de ese lugar. Me vestí a la carrera y salí echando ostias de la habitación del pánico.

Mientras esperaba a mi amigo a que volviera, la vieja del botox y la puta con la que había estado no paraban de sonreírme, si, todo era simpatía, grandes sonrisas y atenciones. La morena me decía que volviese, que me haría una rebaja la próxima vez, que se lo pasó fenomenal conmigo y mil mentiras más.

Y yo me pregunto, ¿esta gente no es consciente de la putísima mierda de servicio que dan? ¿Cómo tienen la desfachatez de decir que vuelva? ¿Es esto realmente el negocio de la prostitución?. ¿En esto consiste? ¿En engañar a la gente y sacarles 200 dólares así por la cara y que no vuelvan más?. Es que fueron 200 leuros tirados a la basura con una loca con problemas mentales.

Salimos de allí y mientras comíamos mi amigo y yo una hamburguesa, le conté toda la aventura. Al menos nos echamos unas buenas risas. Tras unos pocos días en Vancouver, llegué a estas conclusiones:

– Todo esta muy limpio, apenas ves vagabundos y tienen una policía especial que se encarga de ellos.

– La comida es parecida a la de USA, mierdas que engordan a tutiplé y dulces, helados y la de dios es cristo, aquí voy a engordar unos kilines fijo.

– Suelen ser muy educados, no gritan, no dicen palabrotas, no gesticulan, parecen tranquilos.

– No hay muchas tías buenas, comparado con San Petersburgo por ejemplo, las tías buenas en Vancouver es de 1 tía buena por 25 fetos, mientras que en San Petersburgo es 1 tía buena por 3 fetos.

– No hay suciedad en el suelo, esta todo siempre limpio y como recién fregao

– Hay la ostia de asiáticos: chinos, coreanos, japoneses…

– Aquí el deporte nacional es el hockey sobre hielo, en España es el futbol.

Mi primera experiencia con una puta autóctona había sido un FAIL. Había que hacer otra cosa, había que desquitarse del mal sabor de boca, había que buscar más putes, así que cambiamos de estrategia, y decidimos ir a un Strip Club. Dicen que allí las tías se ofrecen para follar, a veces.

La putada de viajar tan lejos de tu país es el maldito jet lag, los dos primeros días estás como medio zombie porque no has dormido como toca y porque el horario es diferente. Poco a poco te vas recuperando, pero la somnolencia te acompaña la primera semana, y a veces golpea con fuerza y te quedas pajarito en cualquier lado.

Allí en Vancouver, de casualidad nos encontramos por la calle con dos venezolanas de nombres Katiuska y Aniuska que enseguida hicieron migas con nosotros. Eran dos chicas que conocimos por la calle, no eran putas, pero hablaban español. Las jóvenes no estaban muy pallá físicamente pero para un apaño servían. Había que intentarlo, vive Dios. Después de un rato de cháchara, decidimos quedar con ellas más tarde. Allí no es difícil conocer tías, y más si hablan tu idioma. Pero yo estaba tan cansado por el jet lag, que pasamos de las venezolanas y nos fuimos al hotel. El mundo al revés, yo descartando una cita a una tía, pero es que el sueño me estaba matando.

El destino quiso que 30 minutos después nos volviésemos a encontrar con ellas en una tienda de souvenirs de nuevo. Vaya, qué casualidad! ¿O era el destino que quería que nos arrejuntáramos con ellas?.

Nos reímos bastante y empecé a preguntarme cual era el sentido de todo esto. Mientras meditaba, las dos mujeres se quitaron los abrigos que tapaban todo su cuerpo y.. vuala! Allí estaban 4 buenas tetas y 2 buenos culos!. Coño!, que escondido lo tenían. Estas eran como las gambas, que se aprovecha todo menos la cabeza. La putada fue que cuando vimos sus morbosos cuerpos, y estábamos haciéndonos ilusiones, ellas ya se estaban despidiendo de nosotros, invitando al destino a que nos volviésemos a encontrar. Y el destino no quiso que volviéramos a verlas más. Me quedé con cara de lelo porque quería verlas de nuevo, pero no tenia energías, el vuelo me había quitado esa gracia natural a la hora de ligar con las tías. El jet lag me había consumido. Las venezolanas se fueron para no volver jamás. Bueno, la de tías que vienen y van en la vida, ¿qué mas da?. Más se perdió en Cuba.

Al día siguiente, ya más despejado, dimos una vuelta por la ciudad. Vancouver es muy grande, y hay de todo. Es muy parecida a cualquier ciudad yanki y hay tiendas de todo tipo. No vi ni un solo bar que se pueda parecer a los que hay en España, de esos con una barra llena de pinchos, jamones colgados y camareros mayores con camisa blanca y pantalón negro. Allí todo es otro rollo.

Entre la maraña de lugares que visitamos, nos topamos con un centro de Cienciología, si hombre, la religión esa que practica Tom Cruise y el Travolta. Yo, que soy muy curioso, me adentré en la oficina y un viejo que estaba allí como esperándonos, nos echó una charla y nos enseñó el recinto.

Nos explicó qué es la Cienciología, y no nos enteramos de nada. Lo resumiré diciendo que es una grandísima paja mental orientada a la gente medianamente inteligente y con mucho dinero. Te hacen ver que eres especial y que puedes crecer como persona y bla bla.

De vez en cuando oíamos aplausos que provenían de una habitación de al lado. Mientras, el viejo nos iba contando lo que decían los grandes posters que había en las paredes del local. Por todos lados había megaposters con citas y fotos bastante frikis de gente normal pero con unas expresiones en la cara muy raras. No hay cosa más friki que intentar aparentar ser normal, el resultado puede ser bastante histriónico.

El primer detalle que me hizo ver que estábamos en terreno hostil fue la manera en que nos dijo el viejo que comprásemos el libro de la Cienciología. Encendido como un iluminado hablando de su secta, nos ordenó comprar el libro en plan vendedor de aspiradoras. No, perdón, no lo dejó caer, sino que aquello fue una orden. Yo pensaba comprarlo de todas maneras para tenerlo de recuerdo, así que lo compré y el viejo se tranquilizó.

Mientras el viejo soltaba su sermón en ingles como una taladradora sobre lo bueno que era esa religión, yo iba ojeando el libro, y de casualidad me topé con un capitulo donde ponían a parir el aborto, llamándolo “la aberración”.

Le pregunté al viejo que cual era su opinión sobre el aborto y me contestó que el libro había conseguido vender 120 millones de ejemplares en todo el mundo. Eh viejo! Que te he preguntado por el aborto!. Le volví a insistir con la pregunta y me dijo que leyera el libro, que allí encontraría la respuesta. Pero dímela tú, viejo!. En ese momento se abrió la puerta de donde venían los aplausos y por allí apareció el mismísimo Tom Cruise en persona!! Iba agarrado de la mano con John Travolta!.

Jaja no, es broma, no estaban ellos allí, pero es lo que mi amigo y yo creíamos que iban a aparecer al abrirse esa puerta misteriosa. Lo que realmente apareció fue la esposa del viejo, una señora regordeta con cara de pocos amigos. El viejo aprovechó ese impass para largarse de allí, no sin antes recordarme que tenia que leer el libro. Gracias viejo. Se fue sin responderme sobre el aborto y me quede allí con cara de aborto.

La sala de donde salió la vieja era como una capilla, pero con los bancos en forma de V. Si los bancos de las iglesias son horizontales, perpendiculares al altar, estos estaban dispuestos en forma de cuña, en V. Algo muy raro. Y enfrente un altar, donde supongo que el puto jefe echaría sermones y se follaría a vírgenes de 14 años, matándolas después, y comiéndose sus corazones aún palpitantes, no se, algo así.

Después de la birria de experiencia de la cienciología, nos fuimos a jugar al ping pong a un recinto de chinos mandarinos. Y así pasamos el día. El lugar era muy grande y muy barato, por sólo 2 euros podías jugar todo lo que quisieras al ping pong. Allí estuvimos casi dos horas y perdí todos los partidos. El problema era que no estaba jugando en mi campo, ni con mi raqueta, ni con mis pelotas. Bueno, con mis pelotas si, pero no esas. Esas pelotas chinas eran endiabladamente rápidas y no le pillaba el tranquillo.

El viaje a Vancouver estaba llegando a su fin, y después de la experiencia de mierda con la puta hipocondriaca esa, pocas ganas me quedaban de probar puta canadiense, pero debía probar una última vez para llevarme algún recuerdo satisfactorio de todo aquello.

A la noche decidimos ir a un Strip Club, uno de esos sitios donde las jamonas van en bikini por ahí mostrando sus vergüenzas. Nunca había ido a esos lugares porque la verdad es que nunca me han atraído demasiado, pero se rumoreaba que allí podías follar.

El lugar era lo más parecido al típico Pub Inglés de toda la vida, donde la gente estaba sentada en unos taburetes altos junto a unas mesas altas. Apenas hay gente de pie.

Lo que más llama la atención y te hace ver enseguida que no estás en un Pub Inglés es que las tías van en bikini por la sala y hablan con todo el mundo de forma muy distendida, como si te conocieran de toda la vida. Después del “hola qué tal” viene el “quieres que te haga un baile privado?”. El baile, que es la joya de la Corona, dura 10 minutos y cuesta 30 leuros, y no la puedes tocar un pelo, si pagas 40, puedes tocarla algo, pero no te emociones, no la puedes masturbar, solo acariciar por fuera. Qué divertido. Te toca una tía, te pone palote y luego no te la puedes follar, ¿quién es el hijo puta que tuvo esa genial ocurrencia? Porque vamos, no hay cosa que más me joda que me pongan cachondo y no poder meter el churro ni pajearme, ni que me pajeen ni nada.

Sinceramente, creo que los yankis y canadienses están colgaos permitiendo esta real mierda. Creo que esto es un triunfo de las feminazis, que obligan a los tíos a esta humillación. En España todo el mundo pasa de los stripteases, aquí se folla o no se folla, pero que te ande tocando una tipa para luego no follar es del genero tonto, o del genero sadomasoquista, que te gusta sufrir.

Había tías muy buenas, aunque algunos monstruos también, como una tía con las tetas operadas que parecían dos balones de rugby pegados con una cinta adhesiva mala porque se caía de un lado. Vi una negra de estas tremendas, alta y con unas tetas espectaculares, me quedé con ganas de verla más cerca pero se fue con un grupo de tíos. Es que a las negras no se las ve bien con poca iluminación.

La música seguía, yo quería elegir a alguna que realmente me gustase pero no había gran cosa. Además, las tías estaban como locas preguntando a todo el mundo si querían hacer bailecitos, y no te daban mucha bola. Creo que allí si quieres follar, hay que pagar, y mucho. Pagarle los bailecitos, las copas, y tirarte mucho tiempo allí. Me enteré que para follarla había que esperarla a que acabara de currar, y eso podría ser las 3 de la mañana, y yo con el jet lag estaba ya medio muerto.

Salió una delgadurria a bailar y daba ascopena verla, tan delgada, con todos los huesos marcados, sin cintura ni curvas, un destrempe total. Tras ver su show 2 minutos ya estaba aburriéndome tanto o más que un viejo haciendo cola en el ambulatorio para que le den sus medicamentos.

En medio de ese tedio, al otro lado de la barra, fuimos testigos de como empezaban una pelea y terminaban a ostia limpia. En un plis, eso se convirtió en el Salvaje Oeste,  así que nos fuimos de allí. De follar ni hablar, así que tuve que terminar el dia con un Vladimir, una paja y a dormir.

Como podéis observar, irse de putas en Canadá es bastante mierder. Aunque estoy hablando de 2006, quizás ahora la cosa esté mejor, pero sinceramente, la experiencia fue una mierda pinchá en un palo.