Aquel fin de año de pesadilla en Gandía

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Corría el año 1997 y yo por aquella época no tenía otra cosa que hacer que pasarme las noches chateando por el IRC Hispano. La idea original era a ver si conocía a alguna chica dispuesta a tener sexo conmigo. Esta es la historia de una de esas pocas que dijeron que sí.

Vivía en Bilbao, una de las ciudades más hijas de puta en cuanto a ligar se refiere. Allí no follaban ni los guapos. Era un drama viviente y yo no estaba de acuerdo en ver pasar mi juventud sin mojar, así que dedicaba noches enteras a entrar a tías por chat, comerles la cabeza y probar de quedar con ellas. De allí salieron miles de anécdotas terribles, mierdas puta por doquier y cosas que vistas desde la lejanía del tiempo dan muchísima vergüenza ajena. De todo tipo. En fin, eran tiempos difíciles.

Un clásico de los chats de entonces era tirarte horas chateando con tíos que se hacían pasar por tías. Te dabas cuenta mucho después que el que chateaba contigo no era una rubia cañón, sino un parado de Soria, por pequeños detalles. Salvando esas enormes pérdidas de tiempo, solía dar a veces con mujeres reales. El problema era cómo saber si realmente era una mujer lo que estaba al otro lado del chat, y no un mariconsón haciéndote perder el tiempo.

Era finales de los 90, nadie por aquel entonces tenía fotos de si mismo porque para ello tenías que poseer una cámara de fotos, que alguien te hiciera fotos, (olvídate de selfies, nadie sabía qué era eso) y además de toda esa mandanga, que ya era un Cristo, tenías que revelar el carrete y luego escanear la foto!, cosas tremendamente complejas. ¿Quién tenía un escáner en 1993? Yo no tenía ningún amigo que tuviera uno.

Estas pintas tenía yo por 1997, y así vestía siempre, con chaqueta.

Lo que a veces solía mandar la peña eran fotos de tamaño carnet que supongo la sacaban de sus currículum que escaneaban para buscar trabajo para internet, porque para buscar trabajo la gente si que se lo curraban, para ligar no. Basurilla. Muchas tías poco agraciadas se escudaban en el anonimato, sin mandar foto alguna, claro, y podías pasarte días, semanas, meses hablando cada noche con un cranko y no te darte ni puta cuenta hasta que quedabas y la veías en persona, y entonces salías corriendo.

Un drama. Un día alguien me manda un privado en un chat. Dice que es una chica de Gandía que está en un ciber y que quiere conocer a alguien  especial. El tema principal de todos los chats siempre solía ser el sexo, así que entramos en el tema y entonces, oh sorpresa, me confiesa que es virgen y que quiere conocer a alguien que le quite esa molesta virginidad. Ni que decir que yo me ofrezco para ello al minuto 1. Mi mente cerda empieza a dar vueltas y ya está revolucionándose e imaginándose mil actividades cerdas con la de Gandía. Todo va muy deprisa:

– Podrías pasar el fin de año aquí, en Gandía. Mis padres tienen un hotel, así que podrías comer y dormir aquí gratis – me dice la joven. Todo resultaba extrañamente idílico e irreal, qué coño, no podía ser verdad… así que para asegurar de que todo fuera cierto le pido inmediatamente su teléfono, para comprobar que no es un tío, sobre todo. Y por ahí sale una vocecilla celestial.

– Hola que tal? Que soy yo, no es ninguna broma, quiero que vengas, mi madre se casó con un hombre 15 años mayor que él. No me importa que tu tengas 32 años y yo solo 18. De hecho me gusta que seas mayor porque así me podrás enseñar todo mejor.

Mi polla no cabía en el pantalón, estaba que echaba chispas. La chica lo tenía todo muy estudiado y todo parecía que iba a ser un fin de año memorable (como así fue). Me lo estaba dejando en bandeja. Polvo gratis y viaje a la costa en un hotelazo sin pagar nada.

Decido al día siguiente coger un autobús de Bilbao a Gandía e ir a verla. Con dos cojones. Rápido, sin pensar. La polla ya estaba pensando por mí, y cuando ella piensa, lo demás no importa. El viaje resulta ser una puta pesadilla de unas 7 horas encerrado en una butaca que no acaba nunca. El puto horror. ¿La antesala a lo que me esperaba?

Llego por fín a Valencia, y de allí tomo un Cercanías a Gandía. Con tal mala suerte de que me doy cuenta que no llevo dinero encima. Viene el revisor y le cuento una historia que parece ser que resultó bastante convincente porque no me cobró nada y me dejó hacer el trayecto gratis. También he de decir que yo por entonces siempre iba con chaqueta, porque la ropa me la daban mis padres que tenían una tienda de ropa, así que aparentaba ser “alguien”. En el fondo era un don nadie, no tenía dinero ni donde caerme muerto. Solo quería vivir experiencias, y esta era una de ellas.

Llega por fin el momento de conocer a esta pipiola que quiere un madurito en su vida. Le llamo y le digo que estoy a 20 minutos de la estación de tren de Gandía, me dice que va para allá a recogerme.

El tren llega a la estación y por allí veo a dos mujeres. que se acercan a mi. Una debería de ser su madre porque se le notaba que tenía ya una edad. La otra era ella. Las saludo y ella se pone colorada como un tomate y me dice:

– Tengo 16 años.

¿Cómo? ¿Pero que cojones? ¿Una menor? ¿Me dijo eso como para hacerme ver que ni lo intentara con ella? ¿Por qué me mintió sobre la edad? Eso fue lo único que dijo, no habló mas. Su madre, de rasgos agitanados, enseguida cogió las riendas de la situación y habló conmigo, mientras flipaba un poco, porque la criatura pasó totalmente de mi desde el primer instante. ¿Me haces venir desde tan lejos para dejarme colgado dos minutos después? Menos mal que la madre se compadeció de mi y me hizo algo de caso. Yo creo que esta mozuela se asustó al verme. Me vio demasiado mayor con la chaqueta puesta. Se debió asustar y seguramente que se arrepintió en el mismo momento que me vio. Yo por entonces creía que ir con chaqueta era la manera correcta de ir por la vida. En fin, una imbecilidad más que haces creyendo que es lo mejor. Aquí todo salió mal.

El hecho es que el primer día la chica que quería que le desvirgase me evadía siempre que podía. Se escondía detrás de su madre y luego de una amiga que se trajo, desaparecía… vamos, que pasaba de mi. Y lo peor es que me quedaban 5 días por delante.

Dejamos atrás la estación de tren y caminando llegamos al hotel. Aquello no era un hotel, era una pensión casposa que parecía la guarida de Torrente. Todo en si era una pesadilla en vida. El olor a rancio, las paredes desconchadas, la gran ventana sin cortinas que no se podía cerrar y por el cual entraba un viento gélido…vamos, un frío tremendo. La señora me saca un montón de mantas de un armario casposo que al abrirlo olía a naftalina y me dice:

– tápate bien que se ha estropeado la calefacción.

Pregunto por el baño, ya que no está en la habitación, hay que ir fuera y buscarlo en el pasillo. Entro a mear y una hondonada de aire emponzoñado me golpea violentamente la cara. Pero ¿qué cojones es esto? aquello era una puta pocilga que no la habían limpiado en décadas.

Nunca olvidaré ese retrete de color marrón, con chorretones amarillos que caían por los lados como lágrimas de triste plañidera. El retrete estaba totalmente anegado de mierda, donde todo flotaba como restos de un naufragio.

Y era el único retrete de toda la planta. Así que me vi obligado a colaborar con ese desastre con el relleno, meando en ese lodazal infame.

Una vez meado y habiendo dejado mis cosas en esa cutre habitación, bajo a la recepción del hotel, donde me esperan los familiares de la chica. Pero ¿esto qué es? ni que fuera el Papa. Varios amigos y familiares de la joven me esperaban, junto a ella, que estaba convenientemente alejada de mi lo suficiente para no tener la posibilidad de hablar conmigo.

Éramos 7 personas y resulta que solo había un coche. A mi me toca atrás con toda la marabunta. Aquello parecía el puto programa de televisión “Humor Amarillo” con brazos y piernas por todos lados. Me toca justo al lado del baffle trasero del coche. Mi oreja está casi pegada al baffle y no me puedo mover. Suena Camela. Me cago en mi vida. El volumen es tan alto que allí vibra todo. Y es cuando se ponen a fumar. Yo empiezo a agobiarme cosa mala.

– a dónde vamos?

– a un chino a cenar

Lo que faltaba, un puto chino. Odio los chinos. Comemos lo de siempre, el rollo ese, y el pollo con limón y cuando toca pagar me dicen que tengo que pagar lo mío y lo de mi chica. Pero ¿qué chica? Si está al otro lado de la mesa y todavía no he cruzado palabra alguna. Yo por entonces no tenía nada de dinero y tener que pagar lo de la otra fue un roto muy importante en mi exigua economía. Poco más dió la cena. Me llevan a mi habitación, y envuelto en 4 mantas intento dormir un poco. El frío que entra por la ventana rota no me deja dormir. Es entonces cuando oigo un ruidito, constante, como de ñik, ñik, ñik
-será gente follando?- me pregunto…

No podía ser gente follando porque era un ruidín muy ligero y no oía gemidos ni nada que se le pareciera a unos echando un polvo.

Me duermo y al dia siguiente ya me quería ir, me quería ir de allí!

Bajo a la recepción del hotel y me presentan a unos amigos de la hermana de la que pasa de mi, que eran de mi edad y decido irme con ellos.
Esta gente era mas normal. Me acuerdo que hice amistad con varios y incluso me invitaron a pasar la nochevieja con ellos. Eso fue lo que me salvó un poco la vida, porque lo único que hacia durante el día era deambular por la calle con un tío que conocí en aquella pensión.

Ese personaje debía no se cuantos meses de alquiler y le dejaban allí por compasión, porque su mujer le había dejado por un negro. El tío me contó con todo lujo de detalles toda la aventura, el como pilló al negro zumbándose a su mujer, el como ésta le insultó y le dejó desde la cama con la polla del negro dentro… todo muy deprimente, como el sitio donde estaba.

El hombre tenia un punto de retardo o algo así y le pregunté a ver si sabia qué eran esos ruidos que yo oía cada noche, me dijo que era él haciéndose pajas, me contaba que su cama rozaba el armario, y de ahí ese ruidito, ya que teníamos las habitaciones pegando. Alucinante.

Le pedí, ya puestos, que me dejara sus revistas guarras, y me pasó unas muy propias de aquel lugar: de los años 70, super manoseadas, de corridas falsas, con muchas hojas pegadas.
Con todo ese material no pude ni hacerme una paja en condiciones.

Estaba claro, no podía salir de allí, era la decadencia total, era la antesala del infierno. Y todo era casposo, y guarro. Era como otro mundo, otra dimensión. ¿Por qué tenía yo que vivir todo aquello?

La niña había desaparecido el primer día con su amiguita, asustada por el señor de la chaqueta, el tío este se me pegó como una lapa, la comida que me daban en ese hotel era el postre de las cucarachas… y yo me quería ir, pero tenía que aguantar hasta nochevieja, que era dentro de dos días. Prefería pasarlo allí a estar solo en un piso compartido en Bilbao.

Me hice amigo de una de las novias de los chicos nuevos que conocí.
La joven vivía en una casa de puta madre que su padre, albañil, le había construido para ella.
Ella hacia unos cuadros muy curiosos con trocitos de papel, con relieve y colores, algo muy currado y muy efectista. Le animé a que los vendiera en el rastro o cualquier mercado.
Era una joven muy simpática que se le veía que no hacia nada con su vida, no trabajaba, solo hacia cuadritos de papel, eso era su vida. Una vez me confesó que se aburría mucho con su vida.

Ella estaba encantada conmigo, porque le daba importancia a lo que hacía, cosa que su novio y amigos, albañiles todos, pasaban de los pegotes esos como de la mierda.


Eran buena gente y esa nochevieja la celebramos en un garaje muy grande comiendo en una barbacoa. El momento mas triste para mi fue cuando pasaron las 12 de la noche, que todos se quedaron abrazados a sus novias y yo solito sin novia ni familia ni nada… snif

Al día siguiente me volví a Bilbao. Esta vez el viaje se me hizo mucho más corto porque a medida que me iba de ese lugar, me sentía más feliz. Desde ese día decidí que nunca más quedaría con nadie sin antes habernos conocido más.