Se acaba de agotar la primera edición, en unos días llega la segunda. Nunca me iba a imaginar que se vendería tan bien este comic.

Estoy muy contento, toda la primera edición ha volado. Me la han quitado de las manos. Y ahora acabo de enviar a imprenta la segunda edición duplicando la tirada. Esto ha hecho que me entusiasme y me ponga a dibujar la segunda parte. Pronto os pondré las primeras dos páginas para que veáis la evolución del dibujo y el personaje. No os podéis ni imaginar lo feliz que soy al haber retomado la senda del comic. Es como reconectar con una parte de mi olvidada. Me hace inmensamente feliz.

En 1988 yo tenía 18 años. Acababa de dejar los estudios por no haber podido terminar el bachillerato. Lo que más quería en este mundo que era hacer la carrera de Bellas Artes, pero aquello se iba a la mierda porque me sentía incapaz de aprobar seis asignaturas que me quedaban de segundo de bachillerato.

Por las tardes, después de las clases, solía ir a una academia de dibujo. «Es que el niño dibuja muy bien, que menos que apuntarle a una academia de dibujo». Decía mi madre, convencida de que aquello era lo mejor. En esa academia había un profesor pequeño de estatura pero muy inteligente, que siempre me decía que yo iba a llegar muy lejos porque él consideraba que era más inteligente que los demás. En un momento dado, este hombre, de nombre Juan Gil, ejerció de segundo padre para mí, teníamos muchas charlas, y un día que nos quedamos hasta muy tarde hablando, le confesé por lo que estaba pasando. Continuamente discutía con mi padre y la convivencia cada vez era peor. Como no sabía qué hacer, de hecho mucha gente con 18 años no sabe qué hacer con su vida, mi padre decidió por mí: estudiaría contabilidad y de esa manera llevaría los papeles y las cuentas de la tienda de ropa que tenían mis padres en Las Arenas, Vizcaya.

Cuando este profesor escuchó de mi boca que yo estaba estudiando contabilidad, se llevó las manos a la cabeza. «Pero ¿a ti te gusta eso?«, me preguntó. «En absoluto«, le dije. «Pero es lo que quiere mi padre«. «Nunca hagas lo que quieran tus padres, haz lo que quieras tú«. «Yo lo que quiero es dibujar» le dije. Entonces él me recomendó que estudiara arte y decoración, que por lo menos era algo que guardaba relación con el arte y el dibujo. Yo me agarré a eso como un clavo ardiendo. Todo con tal de no seguir estudiando contabilidad (recuerdo que en aquellas clases no entendía nada y me parecían una tortura) y de largarme de casa, porque parece ser que el único lugar donde podía estudiar eso era en Logroño. 

Mi profesor de dibujo quedó con mi padre y no sé qué le dijo pero le convenció. Días después ya estaba haciendo las maletas para ir a vivir a Logroño una temporada. A estudiar arte y decoración. Salir de aquel infierno claustrofóbico que era la casa de mis padres me hizo mucho bien. No tenía a mi padre gritándome todos los días diciéndome que era un vago que nunca hacía nada. Estaba en una habitación de una residencia de estudiantes sin que nadie me dijera lo que tenía que hacer, no había gritos ni tensión. No me lo podía creer.

Acudía a clase con mucha ilusión, nos mandaban dibujar, modelar en barro, tallar en madera… A mí todo eso me parecía una maravilla comparado con la puta contabilidad. Pasé un año en Logroño inolvidable, donde tuve mis primeros escarceos amorosos y donde pasé buenísimos momentos. Pasaba las tardes metido en mi habitación dibujando, que era lo que más hacía por aquel entonces: dibujar y dibujar. El dibujo ha sido mi salvavidas durante muchas etapas de mi infancia y adolescencia. En el dibujo me he refugiado siempre y nunca me ha defraudado. Podría pasar las horas creando monigotes y dibujando como un mono hasta altas horas de la madrugada.

Y en una de esas noches, no sé porqué, se me ocurrió la idea de crear un personaje que se llamase Mariano Malaostia. La inspiración para la creación de este, para qué negarlo, la tomé prestada de la mala hostia que tenía mi padre, jaja. Lo exageré todo muchísimo y le añadí algunos personajes secundarios. A mí por entonces me gustaba mucho hacer caricaturas, y eso es lo que hice con este personaje. Exageré sus defectos y la violencia, y la verdad es que si no llega a ser por el haber hecho este cómic, vete tú a saber con quién o cómo hubiese sacado toda la locura y la tensión que tenía en mi cabecita. 

Eran tiempos difíciles, tenía poco dinero, no tenía ni idea de cómo era la vida, dependía totalmente de mis padres, no sabía lo que quería, y no tenía una chica que me quisiera. Mi salida ante todo este calvario Post adolescente fue el dibujar este cómic y reírme un poco de todo.

Han pasado 30 años desde que dibuje el cómic de Mariano Malaostia. Y parece que fue ayer. Cómo es la vida de extraña. Los primeros capítulos se los pasaba a los amigos que tenia en la residencia a medida que los iba acabando y enseguida empezaron a circular fotocopias. Llegó un momento en que tenía un montón de gente en mi habitación pidiéndome siguientes capítulos. Como no tenía dinero ni para fotocopias, lo que hice fue una copia del original y pegarlo en la pared de mi habitación. Y aquello fue una locura, porque no paraban de venir estudiantes a leer el cómic y a pasar el rato. Todavía soy capaz de oír la risas que se echaban al leer el cómic.

Algunas veces me ponía a dibujar cualquier página delante de la gente, y todos se maravillaban al ver que no utilizaba ni lápiz ni goma. Cogía un folio y directamente dibujaba sobre él y sacaba lo primero que me venía la cabeza. Tan solo tenía una pluma estilográfica y un folio. Eso era todo. Y como no, mi imaginación.  

Pasaron los meses y finalmente decidí irme de Logroño. No terminaba de convencerme la carrera de arte y decoración y decidí irme a Mallorca a trabajar en un club de vacaciones haciendo los decorados. Mallorca era mucho más atractivo que Logroño, había guiris que estaban buenísimas y no podía pasar esta oportunidad. Pero esa es otra historia. El cómic de Mariano Malaostia lo he llevado conmigo durante muchos años. Se lo he ido enseñando a gente que me he encontrado en el camino y a todos les ha parecido muy divertido. Menos a un par de editores de cómics que se lo enseñé y me dijeron que no les interesaba. Quizás el acabado no fuese muy profesional, Al fin y al cabo está dibujado con una pluma estilográfica en un triste folio, y en fin, que no, no tiene un acabado profesional. Pero tiene algo que no tienen muchos cómics, que es frescura, sentido del humor y provocación. Y con los años, uno se da cuenta de que a día de hoy un cómic así, nadie lo publicaría. Con esta ola de puritanismo y de adoración a lo políticamente correcto, un cómic así sería impublicable. Creo que no encontraría a ningún editor capaz de editarlo. Y es por eso, que he decidido auto publicármelo, porque creo que es algo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo. Y es una deuda que tenía contraída con mí mismo, con aquel chaval de 18 años que quería ser dibujante de cómics.

Quizás ahora no sea el mejor momento para publicar este tipo de contenido, pero me da igual. Tenía que hacerlo.

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